Firmar un seguro de vida es sencillo; lo que genera disgustos meses o años después es una designación de beneficiarios mal hecha. De ese detalle depende que la indemnización llegue rápido a quien tú quieres, o que se quede bloqueada entre herederos, deudas y trámites.
Puedes designar (y cambiar) beneficiario con total libertad
El artículo 84 de la Ley de Contrato de Seguro permite al tomador designar libremente al beneficiario y modificarlo cuando quiera, sin consentimiento de la aseguradora. La designación puede hacerse en la propia póliza, en una declaración escrita posterior comunicada al asegurador o en testamento (art. 85 LCS). No hace falta que el beneficiario sepa que lo es.
El error más caro: escribir solo «mis herederos»
Si designas genéricamente a «los herederos», el capital se reparte entre ellos en la misma proporción que la herencia. Es cómodo, pero obliga a esperar a la declaración de herederos y puede acabar dando dinero a quien no querías. Nombrar a las personas concretas, con nombre y DNI, es casi siempre más rápido y seguro.
El dinero del seguro no es de la herencia
Un punto clave que muchos desconocen: la prestación pertenece al beneficiario por derecho propio (art. 88 LCS), no forma parte del caudal hereditario. Esto significa que los acreedores del fallecido no pueden embargarla —salvo las primas pagadas en fraude de acreedores— y que el beneficiario cobra aunque renuncie a la herencia.
Revisa la designación cada vez que cambie tu vida
Un divorcio, un nuevo hijo o un fallecimiento pueden dejar tu póliza apuntando a la persona equivocada. Mientras no renuncies expresamente a ello, puedes revocar la designación en cualquier momento (art. 87 LCS). Conviene revisarla cada pocos años y, sobre todo, tras cualquier cambio familiar importante.
Conclusión
Una designación bien hecha —nominativa, actualizada y comunicada a la aseguradora— es lo que separa un cobro en semanas de un conflicto de meses. Si tienes dudas sobre cómo está redactada tu póliza, revísala antes de que sea tarde.
Puedes comparar seguros de vida o solicitar un presupuesto sin compromiso. Y si quieres afinar la letra pequeña, revisa también el cuestionario de salud (art. 10 LCS).
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