Al contratar el seguro de vida de la hipoteca aparece una decisión aparentemente técnica que cambia el precio y, sobre todo, lo que tu familia recibiría: ¿capital decreciente, que baja al ritmo de la deuda, o capital constante? Ninguna es «mejor» en abstracto; cada una responde a una filosofía distinta de protección.

Capital decreciente: asegurar la deuda
El capital asegurado se reduce cada año siguiendo el cuadro de amortización del préstamo. Si falleces, el seguro cancela lo pendiente y poco más. Su lógica: proteger exactamente la deuda, con la prima más baja posible. Sus límites: tu familia no recibe capital adicional para vivir, y si amortizas anticipadamente, conviene ajustar el cuadro, como vimos en amortizar hipoteca y seguro de vida.
Capital constante: asegurar a la familia
El capital se mantiene fijo toda la vida de la póliza. Si falleces con la hipoteca a medias, el seguro paga la deuda al banco —primer beneficiario hasta el saldo— y el resto va a tu familia. Su lógica: la hipoteca es solo una de las necesidades; quedan ingresos que sustituir, hijos que criar, estudios que pagar. El cálculo completo de necesidades está en cómo calcular el capital que necesitas.
Cómo decidir en tres preguntas
- ¿Alguien depende de tus ingresos más allá de la vivienda? Si sí, el decreciente puro se queda corto: necesitas capital constante o una combinación.
- ¿Cuál es la diferencia real de prima? Suele ser menor de lo que se espera: pídela desglosada y compara con los precios de mercado, no solo con la oferta del banco.
- ¿Quién te lo vende y por qué? El banco tiende al producto que le asegura su préstamo. Tu interés es más amplio, y no estás obligado a contratar con él, como recordamos en seguro de vida e hipoteca.
La solución mixta que casi nadie ofrece
Dos pólizas: una decreciente ligada a la deuda y otra constante para la familia; o una constante bien calculada que cubra ambas cosas. Revisa también las garantías de invalidez —fundamentales, como explicamos en invalidez y seguro de vida— y la designación de beneficiarios tras el banco. Y cada pocos años, recalcula: la deuda baja, la vida cambia, y la póliza debería acompañar, con la revisión anual como rutina. El marco de tus derechos, en la Ley de Contrato de Seguro.
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