Heredar no siempre es recibir: cuando el fallecido deja más deudas que bienes, la renuncia a la herencia es la decisión sensata. Y aquí surge la duda que puede valer mucho dinero: ¿renunciar a la herencia implica renunciar al seguro de vida? La respuesta es no, y entender por qué evita errores irreversibles.

Por qué se puede renunciar y cobrar
Como explicamos en el seguro de vida no forma parte de la herencia, el beneficiario cobra por derecho propio derivado del contrato, no por sucesión: el capital nunca entró en el patrimonio del fallecido. El artículo 88 de la Ley de Contrato de Seguro blinda la prestación incluso frente a los acreedores del tomador. Renuncia a la herencia y cobro del seguro son compatibles: lo confirman de forma constante los tribunales y la práctica notarial.
Los matices que hay que vigilar
- Quién es el beneficiario: si la designación es «los herederos legales», la doctrina mayoritaria entiende que la condición de beneficiario se determina por la designación, no por la aceptación de la herencia; pero la redacción concreta importa, y aquí una designación nominal bien hecha —como recomendamos en cómo designar beneficiarios— evita discusiones.
- El impuesto: aunque renuncies a la herencia, el capital del seguro tributa en Sucesiones por su propio concepto, con las reglas de la fiscalidad del seguro de vida.
- No confundas renuncia con no hacer nada: la renuncia se formaliza ante notario; el seguro se reclama a la aseguradora. Son dos gestiones distintas y ambas tienen su tempo.
Cómo proceder, en orden
Primero, inventario real de la herencia (deudas incluidas: CIRBE, registros, bancos). Segundo, consulta el Registro de Contratos de Seguros para localizar todas las pólizas. Tercero, reclama el seguro con la documentación de esta guía, vigilando la prescripción de cinco años. Y cuarto, decide sobre la herencia con asesoramiento: entre aceptar pura y simplemente y renunciar existe la aceptación a beneficio de inventario, que limita tu responsabilidad a lo heredado. Cada opción tiene consecuencias distintas, y las prisas son malas consejeras en ambas direcciones.
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